Norma e incomprensión. Una aproximación a la injusticia hermenéutica
Se ha definido la injusticia hermenéutica como la falta de capacidad por parte de la población para comprender ciertos valores no normativos en sociedades hegemónicas (Boladeras 2020). En los estudios de género se ha observado cómo esta forma de injusticia hermenéutica es responsable de la incomprensión, por parte de la población, de colectivos como el LGTBIQ+ —lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, intersexuales, queer y el símbolo + hace referencia a cualquier otra categoría no recogida en las anteriores—, lo que conduce irremediablemente a situaciones de vulnerabilidad y marginalidad para estas personas (Diez Cervantes 2026).
Más allá de los estudios de género, en el presente escrito se mostrará que la injusticia hermenéutica constituye una característica estructural de las sociedades hegemónicas que no solo afecta a los estudios de género y a la perspectiva ética, sino también a cualquier manifestación humana que se aparte de la norma, entre ellas el pensamiento posthumanista. Desde esta perspectiva, la vulnerabilidad y la marginalidad no deben entenderse exclusivamente como consecuencias derivadas de determinadas relaciones sociales o políticas concretas, sino también como efectos estructurales de la incapacidad de las sociedades normativas para comprender aquello que excede sus marcos dominantes de interpretación.
Parafraseando a Michel Foucault, puede afirmarse que esta injusticia hermenéutica opera a través de los mecanismos del biopoder y la biopolítica, que producen categorías de normalidad y diferencia mediante las cuales determinadas experiencias, valores o formas de pensamiento resultan inteligibles, mientras que otras quedan situadas en espacios de incomprensión social (Foucault 2005).
La mayoría de las sociedades occidentales han presentado una estructura heteropatriarcal hegemónica. Estas sociedades no solo han desarrollado mecanismos para garantizar la supremacía del varón blanco y económicamente privilegiado, sino que también se han caracterizado por una comprensión binaria de la realidad. Este pensamiento binario no se limita a las cuestiones de sexo y género, sino que se extiende a numerosos ámbitos de la experiencia humana mediante oposiciones como hombre/mujer, humano/máquina, humano/animal, belleza/fealdad, Dios/diablo o bueno/malo. En muchos casos, esta estructura binaria facilita la comprensión del mundo, pero únicamente la de un mundo reducido, limitado e impuesto por las categorías dominantes. Este pensamiento binario, unido al antropocentrismo y al utilitarismo, ha contribuido históricamente a legitimar fenómenos como el colonialismo, el imperialismo, el racismo, la esclavitud y el machismo (Fanon 2009; Said 2008; Quijano 2000). Además, la sociedad, tal como afirmó Michel Foucault, activa mecanismos disciplinarios destinados a reconducir a quienes se apartan de la norma (Foucault 1976 [1975]). Posteriormente, dichos mecanismos disciplinarios evolucionan hacia formas más complejas de control social, tal como desarrolló Gilles Deleuze en su concepto de sociedad de control (Deleuze 1999 [1990]; FilosofoCientifico 2026a).
Sin embargo, este modelo normativo funciona principalmente mientras los individuos y las formas de vida que componen la sociedad permanecen dentro de las categorías que la propia sociedad considera legítimas. La cuestión se vuelve más compleja cuando aparece lo que Gilles Deleuze y Félix Guattari denominaron una línea de fuga: una forma de existencia, un deseo o un modo de pensamiento que escapa a los mecanismos de normalización y control establecidos (Deleuze y Guattari 2004 [1980]). Desde esta perspectiva, el deseo no debe entenderse como una carencia, sino como una fuerza productiva capaz de generar nuevas formas de vida y nuevas configuraciones de la realidad (Deleuze y Guattari 1998 [1972]). El problema radica en que el ser humano no constituye una realidad homogénea, del mismo modo que tampoco lo es el pensamiento. Cuando emergen nuevas formas de comprensión de la realidad o nuevas maneras de construir la identidad, estas suelen aparecer inicialmente como anomalías para los marcos interpretativos dominantes. Es en este punto donde la incomprensión deja de ser una mera dificultad cognitiva para convertirse en una forma de injusticia hermenéutica.
Si bien distintas formas de pensamiento, entre ellas el posthumanismo, pueden debatirse con relativa normalidad en los ámbitos académicos, su comprensión a nivel social resulta considerablemente más compleja debido a que se apartan de los marcos normativos dominantes de las sociedades hegemónicas. Esta dificultad interpretativa con frecuencia favorece lecturas simplificadoras o erróneas que terminan por agravar la incomprensión inicial. En el caso concreto del posthumanismo, el cuestionamiento de las categorías binarias tradicionales no implica la adopción de una escala infinita de grises ni la defensa de un relativismo absoluto. Por el contrario, supone la incorporación de marcos relacionales más complejos, en los que las identidades, los sujetos y las relaciones se comprenden a partir de sus interacciones y contextos. El abandono del binarismo no conduce necesariamente a la desaparición de toda estructura interpretativa, sino a formas de comprensión alternativas caracterizadas por una mayor complejidad relacional (Braidotti 2015; Haraway 2019).
Tal como se ha mostrado a lo largo del presente escrito, la marginalidad y la vulnerabilidad que afectan a personas, animales, entidades no humanas y ecosistemas se apartan cada vez más de una problemática exclusivamente ética, aunque todo marco interpretativo incorpore necesariamente una determinada estructura ética, incluido el posthumanismo (FilosofoCientifico 2026b). La dificultad principal no es de naturaleza ética, sino hermenéutica. El problema radica en la incapacidad de comprender determinadas formas de existencia que no encajan en las categorías normativas heredadas. En consecuencia, la población se enfrenta a la necesidad de desaprender normas y marcos interpretativos que han permanecido arraigados a lo largo de gran parte de la historia humana. Este proceso exige una transformación intelectual que, por su profundidad, podría considerarse incluso más ambiciosa que la transvaloración de los valores propuesta por Friedrich Nietzsche en Así habló Zaratustra (Nietzsche 2003).
Sin embargo, este proceso de desaprendizaje no puede desarrollarse de manera espontánea ni abandonarse por completo a la iniciativa individual. Debe estar acompañado por instituciones capaces de garantizar las condiciones necesarias para que todas las personas puedan participar plenamente en la vida social. En este punto adquieren relevancia las condiciones institucionales necesarias para el ejercicio efectivo de la libertad, tal como defendió Rawls (1997).
Desde esta perspectiva, el abandono de los marcos binarios tradicionales y la incorporación de enfoques posthumanistas abren una posible vía para afrontar problemas sociales que con frecuencia aparecen como irresolubles, entre ellos el racismo, la xenofobia, el machismo, el sexismo y otras formas de marginalidad y vulnerabilidad derivadas de la aceptación acrítica de normas consideradas inmutables y de la negación sistemática de formas alternativas de pensamiento.
En definitiva, puede afirmarse que la injusticia hermenéutica no surge porque existan diferencias, sino porque las categorías normativas dominantes son incapaces de comprender determinadas diferencias y responden a ellas mediante mecanismos de normalización, disciplina o control.
La injusticia hermenéutica aparece, por tanto, como un fenómeno inseparable de toda sociedad normativa. Allí donde existen categorías destinadas a ordenar la realidad, existe también la posibilidad de que determinadas experiencias, identidades o formas de pensamiento queden fuera de los marcos de comprensión dominantes. En este sentido, el reto contemporáneo no consiste únicamente en ampliar derechos o reformar estructuras políticas, sino también en desarrollar recursos interpretativos capaces de comprender una realidad cada vez más diversa y compleja. Solo de este modo será posible reducir las formas de marginalidad y vulnerabilidad derivadas de la incomprensión social.
Bibliografía
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