El posthumanismo no es un construccionismo

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En ocasiones, el posthumanismo ha sido interpretado como una prolongación del construccionismo social o como una de sus derivaciones contemporáneas, especialmente debido a sus vínculos genealógicos con el posestructuralismo, la deconstrucción y la crítica al sujeto esencialista (Herbrechter 2018). Sin embargo, esta interpretación ofrece una visión reduccionista del posthumanismo, caracterizado principalmente por un pensamiento no binario, el abandono del antropocentrismo y una ontología relacional en la que la agencia se distribuye entre actores humanos y no humanos (FilosofoCientifico 2026). Más que una teoría de la construcción del sujeto, el posthumanismo constituye un marco conceptual orientado a comprender las complejas redes de relaciones, materialidades y ensamblajes que configuran la existencia contemporánea. La identificación entre posthumanismo y construccionismo produce una contradicción interna, porque el construccionismo sigue necesitando la figura del constructor mientras que el posthumanismo pretende descentralizarla.

 El problema se agrava cuando se intenta determinar si el posthumanismo debe clasificarse como una forma de construccionismo, de objetivismo o de relativismo. Este planteamiento presupone un marco categorial binario que resulta difícilmente compatible con una de las características fundamentales del pensamiento posthumanista: la crítica de los dualismos y de las oposiciones rígidas que han estructurado buena parte de la tradición filosófica occidental (Braidotti 2013; Ferrando 2019). Plantear la cuestión en términos de construccionismo frente a objetivismo, o de relativismo frente a realismo, implica aceptar precisamente el tipo de dicotomías que el posthumanismo pretende superar. Antes de preguntarnos si el posthumanismo pertenece a uno u otro polo de estas oposiciones, resulta necesario examinar si tales categorías siguen siendo adecuadas para describir una ontología relacional basada en redes, ensamblajes y formas distribuidas de agencia. 

 La crítica posthumanista al antropocentrismo plantea una dificultad adicional para cualquier intento de interpretar el posthumanismo como una mera prolongación del construccionismo. Si toda realidad quedara finalmente subordinada a la actividad de un sujeto constructor, el desplazamiento del ser humano respecto al centro del mundo sería más aparente que real. Aunque el antropocentrismo clásico fuera abandonado en su formulación explícita, el ser humano continuaría ocupando una posición privilegiada como origen último de la construcción de la realidad y de los significados que la hacen inteligible. En este sentido, la figura del constructor mantendría una centralidad difícilmente compatible con la pretensión posthumanista de descentralizar al ser humano y situarlo dentro de una trama más amplia de relaciones en la que participan entidades humanas y no humanas. La reducción del posthumanismo a una forma de construccionismo correría así el riesgo de reintroducir, por una vía indirecta, precisamente aquello que pretende superar: la centralidad ontológica del ser humano.

 La dimensión relacional del posthumanismo plantea una dificultad semejante. Es indudable que algunas relaciones sociales pueden comprenderse como construcciones históricas y culturales, y que autores como Michel Foucault mostraron cómo determinadas redes de poder participan en la producción de sujetos, instituciones y formas de conocimiento (Foucault 1979). Sin embargo, resulta más problemático extender esta lógica a la totalidad de las relaciones que constituyen la realidad. Si todas las relaciones quedaran reducidas a meras construcciones humanas, la materialidad, la naturaleza, la tecnología e incluso los propios actores no humanos quedarían subordinados, una vez más, a la actividad constituyente del ser humano. La ontología relacional defendida por el posthumanismo perdería entonces gran parte de su significado, puesto que las relaciones dejarían de describir una trama efectiva de interacciones entre entidades diversas para convertirse simplemente en productos de la construcción humana. En tal caso, la naturaleza misma debería ser concebida como una construcción, lo que introduciría una tensión difícilmente resoluble entre la existencia de realidades materiales que condicionan nuestra experiencia y la pretensión de reducir toda relación a la actividad del constructor. La reducción del posthumanismo a una forma de construccionismo terminaría así por vaciar de contenido uno de sus rasgos fundamentales: la comprensión de la realidad como una red de relaciones que no puede ser explicada exclusivamente desde la acción constituyente del sujeto humano.

 El análisis realizado permite advertir que la identificación entre posthumanismo y construccionismo genera tensiones significativas con los tres pilares fundamentales sobre los que se articula el pensamiento posthumanista. En primer lugar, introduce nuevamente categorías binarias allí donde el posthumanismo pretende superar las oposiciones rígidas heredadas de la tradición filosófica occidental. En segundo lugar, dificulta la crítica al antropocentrismo, puesto que la figura del constructor conservaría una posición privilegiada como origen último de la realidad construida. Finalmente, reduce la dimensión relacional del posthumanismo al subordinar las redes, los ensamblajes y las interacciones entre actores humanos y no humanos a la actividad constituyente de un sujeto que permanece situado en el centro del sistema. Sin embargo, reconocer estas dificultades no implica rechazar por completo las aportaciones del construccionismo. Las perspectivas construccionistas han resultado imprescindibles para comprender la génesis histórica de identidades, instituciones, discursos, relaciones de poder y otros fenómenos sociales complejos. En este sentido, el construccionismo constituye una herramienta analítica necesaria para explicar determinados aspectos de la realidad social, pero difícilmente puede considerarse una explicación suficiente de la totalidad de lo real. La materialidad, la naturaleza, las tecnologías, las redes híbridas y las múltiples formas de agencia que analiza el posthumanismo exceden los límites de una explicación basada exclusivamente en procesos de construcción. El problema no radica, por tanto, en la existencia de fenómenos socialmente construidos, sino en la pretensión de convertir la construcción en un principio explicativo universal capaz de dar cuenta por sí solo de toda la realidad.

 Esta insuficiencia del construccionismo no constituye una objeción exclusiva de la presente interpretación. De hecho, diversas corrientes contemporáneas vinculadas al posthumanismo y a los nuevos materialismos han señalado que la explicación construccionista encuentra dificultades cuando intenta extenderse más allá del ámbito estrictamente social y discursivo. En particular, la creciente atención prestada a la materialidad, a los procesos naturales y a las múltiples formas de agencia no humanas ha llevado a cuestionar la capacidad del construccionismo para proporcionar una explicación exhaustiva de la realidad. Desde esta perspectiva, el problema no consiste en negar la existencia de construcciones sociales, sino en rechazar que éstas constituyan el único principio explicativo válido para comprender el mundo contemporáneo (Coole y Frost 2010; Braidotti 2019).

 El problema del construccionismo no radica en que reconozca la existencia de procesos de construcción social, sino en que tiende a convertir dicha construcción en el principio explicativo fundamental de toda la realidad. El posthumanismo, por el contrario, no niega la construcción, pero la sitúa dentro de una ontología más amplia en la que intervienen simultáneamente relaciones, materialidades, tecnologías, actores humanos y no humanos. Desde esta perspectiva, la construcción constituye una dimensión relevante de la realidad, pero no su fundamento último. Por ello, el posthumanismo puede incorporar elementos construccionistas sin quedar reducido a ellos. No es una teoría de la construcción, sino una ontología relacional que pretende comprender un mundo donde la realidad emerge de la interacción entre múltiples formas de agencia y no exclusivamente de la actividad constituyente del sujeto humano. El posthumanismo no niega el construccionismo; lo contiene, lo supera y lo sitúa dentro de un marco ontológico más amplio. Precisamente por ello, el posthumanismo no es un construccionismo.

 Bibliografía 

Braidotti, Rosi. 2013. The Posthuman. Cambridge: Polity Press.

Braidotti, Rosi. 2019. “A Theoretical Framework for the Critical Posthumanities.” Theory, Culture & Society 36 (6): 31-61.

 Coole, Diana, y Samantha Frost, eds. 2010. New Materialism: Ontology, Agency, and Politics. Durham: Duke University Press.

 Ferrando, Francesca. 2019. Philosophical Posthumanism. London: Bloomsbury Academic.

 FilosofoCientifico. 2026. «¿Qué es el posthumanismo?». Entre bastidores: el ser, la existencia y otros asuntos. 25 de agosto de 2026. https://entre-bastidores-el-ser-la-existencia-y-otros-asuntos.ghost.io/que-es-el-posthumanismo/

Foucault, Michel. 1979. Microfísica del poder. Madrid: La Piqueta.

 Herbrechter, Stefan. 2018. “Critical Posthumanism.” En Posthuman Glossary, editado por Rosi Braidotti y Maria Hlavajova. Londres: Bloomsbury Academic.

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