¿Qué es el arte? Una aproximación filosófica

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La mayoría de las personas saben reconocer cuándo están frente a una obra de arte, sobre todo si esta obra es una pieza maestra que transmite su mensaje de forma atemporal. No obstante, esas mismas personas tendrían serios problemas para poder dar una definición de arte más allá del lema de una famosa productora cinematográfica, Metro Goldwyn Mayer, que en su emblema reza Ars gratia artis, o lo que es lo mismo, el arte por el arte. La definición de arte es compleja porque se puede abordar desde perspectivas muy diferentes: ontológicas, epistemológicas, metafísicas, éticas, estéticas y artísticas. En este texto se intentará aproximarse a una definición global, aunque será solo una aproximación, ya que hoy por hoy una definición que lo abarque en su totalidad es muy difícil, casi imposible. En este texto se defenderá que el arte, más que una categoría universal, es la manifestación sensible de una subjetividad irrepetible, lo que explica la dificultad de ofrecer una definición única y estable.

Diferentes autores han intentado mostrar esa definición del arte. René Huyghe, en su obra El arte, su naturaleza y su historia (1965-1967), indica que existe una unidad entre el arte y el ser humano, ya que el arte es una función esencial del hombre y, como consecuencia, sin hombre no hay arte, pero posiblemente sin arte no hay hombre. Asimismo, propone una fusión entre ética y estética, dejando a la moral la función de actuar sobre nuestras acciones y otorgando al arte la capacidad de actuar sobre nuestras creaciones. Tras reflexionar sobre si el arte es un reflejo de la historia, de la acción de la historia sobre el arte, del reflejo de la psicología en el arte y de las imágenes y las formas, se puede afirmar que el hombre crea el arte y el arte influye en el hombre, formando una unidad. El arte permite al ser humano expresar sus pensamientos como reflejo de estos y, a la vez, le propone metas, ya que cada uno, hombre y arte, tiene su propia existencia. Después de un exhaustivo análisis de la obra de arte y su naturaleza, se puede llegar a la conclusión de que el arte presenta una función superior a la de crear belleza e incluso a la representación y expresión. El arte proporciona equilibrio al ser humano: es un lugar de encuentro donde se funden hombre y mundo, realidad física e ideas, donde se resuelve la dualidad entre experiencia exterior e interior.

Si Huyghe propone la unidad entre arte y ser humano, Ernst H. Gombrich, en su obra Historia del arte (1997), niega la propia existencia del arte cuando afirma: “no existe el arte, solo los artistas”. El arte puede tener muchos significados según el lugar y la época. Ante una obra de arte pueden variar los gustos estéticos o los referentes de lo que se expresa por parte del espectador, pero el artista, generalmente, no se preocupa por la belleza o la expresión, que da por hechas, sino por la armonía y el equilibrio de su obra. El espectador debe liberarse de prejuicios y costumbres al contemplar una obra de arte, ya que el arte carece de normas estrictas y prima lo que el artista quiere representar. El conocimiento de la historia del arte ayudará a comprender mejor lo que quieren expresar los artistas y las técnicas empleadas, pero siempre es mejor no saber nada de arte que alcanzar un semiconocimiento centrado en tecnicismos o en un esnobismo que impida advertir las armonías ocultas y gozar de la obra en toda su plenitud. Si bien los conocimientos sobre el arte son necesarios, se debe evitar caer en esos esnobismos que imposibilitan contemplar toda obra con la mente abierta, con “los ojos limpios”, para iniciar un camino de descubrimiento que aportará un mayor conocimiento del arte y un mejor gozo de la obra.

Otros autores, sin negar el arte y sus formas, se centran en la dificultad de dar una definición universal. Muñoz Martínez, en Una reflexión filosófica sobre el arte (2006), afirma que es difícil proporcionar una definición de arte que incluya o explique su totalidad. El concepto fundamental de arte no varía a lo largo del tiempo, aunque varíe su percepción en cada época. Desde una perspectiva hegeliana, el arte se puede definir como la expresión del Espíritu que hace que la idea se manifieste de forma sensible. El arte puede mostrar una realidad subjetiva, distinta de la observada, que concierne a la esencia misma de la realidad. Las partes que componen el arte son: la subjetividad, que se corresponde con el artista; la objetividad, que se corresponde con la realidad; la conjunción o poiesis, que se corresponde con la unión del hombre y el mundo; la creatividad y, por último, la obra de arte, que es el resultado del proceso artístico. La obra de arte es lo que queda del arte. En resumen, el arte es la máxima expresión de la esencia inmaterial de la realidad plasmada desde la subjetividad del artista.

Nelson Goodman, en ¿Cuándo es arte? (2003), sostiene que no se consigue una auténtica definición del arte porque la pregunta “¿qué es el arte?” causa frustración, ya que no es la pregunta adecuada. En el arte contemporáneo, muchos críticos quieren separar la obra de arte de toda simbología, quedando el arte puro fuera de toda referencia externa. Esta postura provoca un dilema: si la rechazamos, afirmamos que importa lo que no pertenece a la obra; si la aceptamos, muchas obras carecerán de valor artístico. Por otro lado, el arte más abstracto, no representativo, también está cargado de simbología. Puede existir arte sin representación, sin expresión o sin ejemplificación, pero no sin ninguna de esas tres cosas. Se puede superar ese dilema cambiando la pregunta equivocada “¿qué es arte?” por “¿cuándo es arte?”. Un objeto puede comportarse como obra de arte o no dependiendo de la intencionalidad de las personas o de si en ocasiones funciona así, simbolizando diferentes cosas en diferentes momentos. La pregunta “¿cuándo es arte?” renuncia a la definición, pero se centra en lo que hace el arte. Posiblemente el arte también sea transitorio como la vida misma.

La postura de Goodman será cuestionada por Shirley Longan Phillips en Sobre la definición del arte y otras disquisiciones (2011). Esta autora manifiesta que la definición del arte presenta dificultad y complejidad, pero no es una tarea imposible. El cambio de pregunta de “¿qué es el arte?” a “¿cuándo hay arte?” no soluciona el problema, aunque abre nuevos caminos. Si bien algunos teóricos anuncian la indefinición del arte actual, es necesario dar una definición, porque de lo contrario toda propuesta podría entrar en la categoría de arte. Tampoco se puede entender el arte como aquello que dicen que es arte “los que saben de arte”, los críticos. Puede que exista una obra, pero no necesariamente debe considerarse arte. Las obras de arte son capaces de captar el pensamiento de su época, por lo que cada vez que hay cambios en el pensamiento también se produce un cambio de estilo artístico. El arte representa visualmente el pensamiento del momento en que se crea la obra. El arte es filosofía visual; cuando el artista logra plasmar el pensamiento de su tiempo se produce una obra de arte, que incluso puede no ser reconocida de forma inmediata y ser valorada después por el pensamiento que transmite. La definición de arte como filosofía visual permite comprender por qué hoy existe un arte angustiado. No obstante, es necesario matizar que la definición de Phillips, centrada en el arte como filosofía visual, no puede extenderse sin reservas a todas las disciplinas artísticas. La música y la literatura, artes canónicas, no son visuales, y el cine —considerado el séptimo arte— integra lo visual, lo sonoro, lo narrativo y lo simbólico. Por ello, la noción de “filosofía visual” resulta útil para las artes plásticas, pero insuficiente para abarcar la totalidad del fenómeno artístico, y se debería hablar, en todo caso, de una filosofía sensitiva.

Adryan Fabrizio Pineda Repizzo, en El problema de decir de una cosa que es una obra de arte (2011), muestra que la definición de arte, hasta el siglo xx, ha sido clásica y exclusiva, permitiendo definir de forma clara qué era arte y qué no. A partir del siglo xx, la definición se hace inclusiva, incorporando nuevos elementos que nunca se consideraron pertenecientes al arte y que ahora se consideran arte, lo que nos lleva a la pregunta: ¿qué objetos se consideran obras de arte? Tras revisar la filosofía de Kant y Hegel y las aportaciones de filósofos contemporáneos, la respuesta queda abierta desde la posición inclusiva. La respuesta puede encontrarse dentro de los límites de la historia y la sensación, por un lado, y de la experiencia y el significado, por otro, sin que ambos límites se separen o entren en contraposición. Proponer una teoría ontológica que explique cuándo un objeto es una obra de arte parece hoy inalcanzable, pero los avances permitirán conocer más sobre la visión del mundo.

En su segunda acepción, el diccionario de la Real Academia Española define arte como “manifestación de la actividad humana mediante la cual se interpreta lo real o se plasma lo imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros” (Real Academia Española, 2014). Aunque la definición se encuentre en los diccionarios, desde el punto de vista filosófico presenta gran complejidad, tal como han mostrado los autores precedentes. Los expertos podrían estar de acuerdo en dos aspectos: primero, que el arte es una actividad creativa genuinamente humana; segundo, que su definición reviste gran dificultad, ya que no es posible encontrar una que lo incluya y explique en su totalidad.

Se pueden encontrar dos posturas frente a la definición de arte: la que sostiene su indefinición y la que considera posible y necesaria su definición. En el primer caso, se agrupan posiciones que van desde la negación del arte (“no hay arte, solo artistas”) hasta quienes defienden que se debe renunciar a saber qué es el arte y limitarse a determinar cuándo hay arte o qué hace el arte, pasando por quienes dudan que sea posible conocer con precisión qué es y qué no es una obra de arte. En el segundo caso, quienes afirman que una definición es posible y necesaria —fuera del yugo de la estética y evitando antinomias, paralogismos o tautologías— proponen que el arte es el equilibrio entre el hombre y el mundo, equilibrio que constituye la esencia de toda obra perfecta; que el arte es filosofía visual que refleja el pensamiento de una época; o que es la expresión y el reflejo de la esencia de la realidad tal como la percibe el artista. Según una frase atribuida a Pablo Picasso, el arte sería una “mentira que nos ayuda a ver la verdad”, y según otra atribuida a Jean Dubuffet, “el arte se dirige a la mente, y no a los ojos. […] El arte es un idioma, el instrumento del conocimiento, el instrumento de la comunicación”.

La subjetividad del artista añade un elemento decisivo a este debate. Si el arte es una actividad humana, no puede desligarse de la interioridad de quien lo crea. La ciencia aspira a la replicabilidad: cualquier investigador, siguiendo el mismo método, debería obtener los mismos resultados. En cambio, el arte se funda en la no replicabilidad, en la imposibilidad de sustituir al artista sin destruir la obra misma. La subjetividad del creador no es un accidente del proceso artístico, sino su condición de posibilidad: sin ella, no hay obra, y sin obra, no hay arte. Esta diferencia ontológica entre arte y ciencia permite comprender por qué el artista es insustituible. No existe un método artístico que pueda reproducirse mecánicamente; existe una mirada, una sensibilidad, una experiencia interior que se plasma en formas sensibles. La obra de arte es la huella visible de una subjetividad irrepetible. Mientras la ciencia progresa por acumulación y corrección, el arte progresa por singularidad, por irrupciones únicas que no pueden replicarse sin perder su sentido. Aunque ambos ámbitos comparten creatividad, tradición y contexto histórico, su orientación es distinta: la ciencia aspira a la replicabilidad del método, mientras que el arte se funda en la irrepetibilidad de la mirada del creador. En este sentido, puede afirmarse que el arte es la expresión de la verdad mediante la subjetividad del artista: una verdad sensible, encarnada y no proposicional, que se manifiesta en la forma de la obra. Esta noción de verdad remite a un marco teórico desarrollado previamente (FilosoCientifico 2026), donde se sostiene que la verdad no es proposicional ni verificable, sino una forma de desvelamiento sensible que emerge desde la subjetividad del creador.

Tras recorrer las distintas posturas, se puede afirmar que la dificultad en la definición del arte no reside en la ausencia de criterios, sino en la naturaleza misma del fenómeno artístico. El arte es una actividad humana, pero no cualquier actividad: es la manifestación sensible de una subjetividad irrepetible que interpreta la realidad, la transforma y la devuelve al mundo en forma de obra. Por eso, el arte no puede encerrarse en una definición universal, pues toda definición aspira a la generalidad, mientras que el arte nace de lo singular. La ciencia puede repetirse; el arte, no. La ciencia puede ser continuada por otros; el arte solo puede ser creado por quien lo concibe. La ciencia busca la verdad objetiva; el arte expresa la verdad subjetiva. Esta diferencia fundamental explica por qué los artistas rara vez se preocupan por definir el arte: la reflexión sobre su definición ha sido tradicionalmente una tarea filosófica, mientras que la creación pertenece al ámbito del artista. El artista no necesita saber qué es el arte para hacerlo; le basta con su impulso creador, con su mirada singular y con su capacidad de transformar la experiencia en forma.

Independientemente de la definición o indefinición del arte, se puede afirmar que el arte es uno de los tres pilares fundamentales de nuestra cultura, junto con la ciencia y la religión. La ciencia orienta nuestro conocimiento objetivo del mundo; la religión articula su dimensión simbólica y trascendente; y el arte expresa su sentido sensible y subjetivo. Por ello, estos tres ámbitos pueden considerarse pilares complementarios de la cultura humana. En este marco, el arte ocupa un lugar singular: es la forma en que la subjetividad humana se hace visible, se interpreta y se transforma en obra. Esa irrepetibilidad de la mirada del creador explica tanto la dificultad de definir el arte como su papel insustituible en la configuración del mundo sensible.

Bibliografía

FilosoCientifico. 2026. “Teoría unificada de la verdad: naturaleza, sociedad y el punto de vista posthumano.” Entre bastidores: el ser, la existencia y otros asuntos. 15 de julio de 2026. https://entre-bastidores-el-ser-la-existencia-y-otros-asuntos.ghost.io/ghost/#/editor/post/6a57beef010e95000101e117

Gombrich, Ernst H. Historia del arte. Madrid: Debate, 1997.

Goodman, Nelson. “¿Cuándo es arte?” A Parte Rei 26 (2003). http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/goodmanart.pdf

Huyghe, René. El arte, su naturaleza y su historia. En René Huyghe, dir., El arte y el hombre, vol. 3. Barcelona: Planeta, 1965–1967.

Longan Phillips, Shirley. “Sobre la definición del arte y otras disquisiciones.” Comunicación 20, n.º 1 (2011): 75–79.

Muñoz Martínez, Ramón. “Una reflexión filosófica sobre el arte.” Thémata. Revista de filosofía 36 (2006): 239–254.

Pineda Repizzo, Adryan Fabrizio. “El problema de decir de una cosa que es una obra de arte.” Análisis. Revista Colombiana de Humanidades 78 (2011): 169–194.

Real Academia Española. “Arte.” En Diccionario de la lengua española, 23.ª ed. Madrid: Real Academia Española, 2014. http://dle.rae.es/?id=3q9w3lk

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