La cosmovisión del humanismo occidental y la naturaleza humana

Este artículo examina la visión del humanismo occidental a partir de su premisa fundamental: la centralidad del ser humano y la valoración de sus capacidades. Desde esta perspectiva, el individuo se interpreta como agente creador del mundo. Sin embargo, un análisis más profundo de la naturaleza humana permite matizar esta idea: el ser humano actúa como constructor, pero es, al mismo tiempo, producto de múltiples procesos de construcción. Estos procesos se articulan a través de redes de poder que configuran su identidad cuando el sujeto se convierte en objeto de conocimiento. De ahí se desprende una posibilidad inquietante: esas mismas redes podrían llegar a provocar la desaparición de la humanidad.
Tzvetan Todorov sostiene que el humanismo desplaza el foco desde Dios hacia el ser humano, pasando del teocentrismo al antropocentrismo (Todorov, 1988). Este giro implica reconocer la autonomía del individuo y su responsabilidad moral. Esta interpretación coincide con la definición de Rivas, quien entiende el humanismo como una corriente filosófica que reivindica el valor del ser humano y fundamenta sus tesis en la defensa de los valores humanos (Rivas, 2019). Todorov subraya que el humanismo no es una forma de egoísmo, puesto que la finalidad de las acciones humanas no es el propio individuo, sino los demás, entendidos como la totalidad de la especie (Todorov, 1988). Esta idea se aproxima a la concepción foucaultiana de las redes de poder y saber, que se examina más adelante.
Para Todorov, la democracia liberal es el sistema político que mejor encarna los principios humanistas, aunque reconoce que las democracias reales distan de ajustarse plenamente a dichos valores y permiten la coexistencia de perspectivas alejadas del humanismo (Todorov, 1988). Según este autor, los humanistas defienden valores humanos —no divinos—, sostienen que la sociedad constituye al individuo y afirman que este dispone de libertad, capacidad de elección y voluntad.
El humanismo no atribuye omnipotencia al ser humano, sino que lo concibe como un ser dotado de múltiples potencialidades. Rechaza tanto la omnipotencia divina como la natural y se distancia de las utopías, evitando caracterizar al ser humano como bueno o malo; lo entiende, más bien, como indeterminación y posibilidad (Todorov, 1988). En síntesis, el humanismo se apoya en tres pilares: la autonomía del yo, la orientación hacia el tú y la universalidad del ellos. Rivas añade que el humanismo se opone a todo aquello que somete al ser humano, situándolo en el centro como ser libre y racional. Desde esta perspectiva, el individuo es actor de sí mismo y constructor del mundo, y el conocimiento debe ponerse al servicio de la comunidad (Rivas, 2019).
Tras la Segunda Guerra Mundial, el humanismo recupera fuerza, tal como señala Bárcenas (2007). Este autor explica que Sartre considera el existencialismo ateo como la forma más auténtica de humanismo. Sin embargo, la proclamación nietzscheana de la muerte de Dios implica también la desaparición de su correlato: el Hombre y sus valores. El ser humano puede ocupar el centro del universo, pero no adopta el papel de Dios. Foucault, por su parte, no habla inicialmente de la muerte del hombre, sino de su surgimiento cuando este se convierte en objeto de un saber posible (Bárcenas Monroy, 2007). Esta aparición, sin embargo, no garantiza su permanencia: del mismo modo que emergió, podría desaparecer.
En el debate entre Chomsky y Foucault (withDefiance, 2013), ambos autores ofrecen visiones divergentes sobre la naturaleza humana. Chomsky la concibe como una capacidad estructuradora de la información, capaz de generar contenidos complejos a partir de datos limitados. Foucault, en cambio, entiende la naturaleza humana como un concepto que abre campos de investigación y se centra en las condiciones históricas que permiten la constitución del sujeto.
Foucault rechaza la idea de creatividad individual como origen del conocimiento científico. Prefiere hablar de redes de saber y poder que producen verdades situadas, no universales, en un proceso en el que poder y verdad se retroalimentan (Fontana, 1999). Para él, el conocimiento no surge de un individuo aislado, sino de un entorno social que lo posibilita. En Estrategias de poder, Foucault distingue entre saber y poder, y afirma que el saber hace posible la aparición del sujeto, mientras que el poder actúa constantemente sobre ese saber y sobre los individuos (Fontana, 1999).
El análisis foucaultiano del poder no se limita a las instituciones represivas —como las descritas en Vigilar y castigar(Foucault, 2002 [1975])—, sino que incluye instituciones aparentemente neutrales, como la universidad, la psiquiatría o la justicia, donde se ocultan formas de poder político. Este modo de actuación es lo que Foucault denomina biopolítica y biopoder: un poder que gestiona y controla la vida en todas sus dimensiones (Garcés, 2005).
Durante el debate con Chomsky, Foucault profundiza en la naturaleza humana a partir de las relaciones de poder que constituyen a los sujetos, las relaciones éticas que generan sujetos morales y las relaciones con la verdad que producen sujetos de conocimiento. Estas dinámicas conforman los modos de subjetivación propios de nuestra cultura, atravesados por la microfísica del poder (Foucault, 1979). Como afirma Foucault, no existe poder sin resistencia potencial (Foucault, 1989). El poder opera de manera productiva y en red para evitar el rechazo, y es esa red la que configura al sujeto, dando lugar a una “ontología histórica de nosotros mismos” (Terol Rojo, 2013). Desde esta perspectiva, el ser humano es un ser construido, sin esencia fija, lo que conduce al concepto de panoptismo: vigilancia, control y corrección como mecanismos de producción de subjetividad. Esta idea guarda cierta afinidad con la afirmación de Sartre: cada individuo es lo que hace con aquello que hicieron de él (Sartre, 2021).
En definitiva, Foucault muestra cómo las relaciones de poder participan en la construcción del ser humano a lo largo del tiempo y en múltiples dimensiones. El poder, ya sea en su forma más opresiva o en su versión microfísica, atraviesa todas las actividades humanas. Por ello, Foucault no lo considera ni bueno ni malo, sino necesario para el funcionamiento social.
En conclusión, el humanismo occidental se sostiene sobre la centralidad del ser humano. Aunque este ocupa el lugar que antes ocupaban Dios o la Naturaleza, no los sustituye. Tras la muerte de Dios proclamada por Nietzsche —una muerte metafísica y epistemológica—, el ser humano queda en el centro, pero con un rol distinto. Para comprender este nuevo lugar, es necesario profundizar en la naturaleza humana y en la ontología del ser. Chomsky la interpreta como una capacidad organizativa; Foucault, en cambio, niega la existencia de una esencia humana y afirma que el ser humano es producto de redes de poder y saber. Estas redes podrían, en el futuro, tanto destruir la humanidad como posibilitar la emergencia de un ser humano transformado, abriendo así la puerta al posthumanismo.
Bibliografía
Bárcenas Monroy, I. (2007). El hombre como pliegue del saber: Foucault y su crítica al humanismo. Ciencia Ergo Sum, 14(1), 27‑37.
Fontana, M. (1999). Verdad y poder. En M. Foucault, Estrategias de poder (pp. 41‑55). Barcelona: Paidós Ibérica.
Foucault, M. (1979). Microfísica del poder (2ª ed.). Madrid: Las Ediciones de La Piqueta.
Foucault, M. (1989). El Poder: Cuatro Conferencias. Azcapotzalco, México: Libros del Laberinto. Universidad Autónoma Metropolitana.
Foucault, M. (2002 [1975]). Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión. Buenos Aires, Argentina: Siglo Veintiuno Editores.
Garcés, M. (2005). La vida como concepto político: una lectura de Foucault y Deleuze. Athenea Digital, 7, 87‑104.
Rivas, R. D. (2019). El humanismo ante los desafíos actuales: una mirada desde la antropología. Revista de Museología Kóot, 10, 192‑204.
Sartre, J. P. (2021). Jean‑Paul Sartre: El poder es una de las formas esenciales del mal. Bloghemia. Recuperado de https://www.bloghemia.com/2021/05/jean-paul-sartre-el-poder-es-una-de-las.html (bloghemia.com in Bing)
Terol Rojo, G. (2013). Lecturas de la crítica foucaultiana a la subjetivación. Thémata. Revista de Filosofía, 47, 273‑300.
Todorov, T. (1988). El Jardín imperfecto: luces y sombras del pensamiento humanista. Barcelona: Paidós.
withDefiance. (2013). Debate Noam Chomsky & Michel Foucault – On human nature [Subtitled]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=3wfNl2L0Gf8