Edadismo y Subalternidad: Ontología de una Dominación Silenciosa

Share

El término subalterno aparece en los escritos de Antonio Gramsci entre 1929 y 1935 en los Quaderni del carcere, aunque su publicación y traducción tardía impidieron su circulación hasta mediados del siglo XX. En su formulación original, el concepto era equivalente al proletariado, condicionado por el contexto sociopolítico de la época (Catà 2021). Sin embargo, la genealogía posterior del término amplió su alcance más allá de la clase social, incorporando dimensiones culturales, raciales, de género, orientación sexual, edad y, en general, cualquier posición oprimida por sistemas hegemónicos de poder. Esta ampliación conceptual puede contemplarse desde la óptica foucaultiana del poder, entendido no como un bien material sino como una red de relaciones que se ejerce y que produce efectos de verdad, subjetividad y normalización. Foucault sostiene que el poder no puede poseerse y que, si fuera únicamente opresivo, sería rechazado: “No existe poder sin rechazo o rebelión en potencia” (Foucault 1989, 75). Desde esta perspectiva, el poder opera de forma productiva y en red, generando presiones hegemónicas que condicionan la posición de los grupos subalternos (Foucault 1979). Edward Said amplió esta lectura hacia el ámbito cultural y racial, y más tarde el Grupo de Estudios Subalternos de la India, surgido en 1982, rompió el marco eurocéntrico, seguido por el Grupo Latinoamericano de Estudios Subalternos a principios de los años noventa.

La ampliación del concepto de subalternidad permite observar cómo estas posiciones no solo se configuran en el plano teórico, sino también en prácticas culturales que operan dentro de redes de poder. Un ejemplo significativo es la exposición Principio Potosí (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y Haus der Kulturen der Welt, Berlín 2010), que confrontó el arte colonial barroco con expresiones artísticas subalternas contemporáneas, como las obras de Mujeres Creando, entre ellas el grafiti “Ave María, llena eres de rebeldía”(Vallés Vílchez sf). Sin embargo, como advierte Rolando Vázquez, es necesario reflexionar sobre si el arte subalterno mostrado en un museo puede considerarse realmente subalterno o si pasa a formar parte de una nueva red de poder en sentido foucaultiano (Hernández y te Velde 2018). La reflexión sobre estas prácticas culturales permite ampliar el análisis hacia otras formas de subalternidad que operan en la contemporaneidad, entre ellas la edad, cuyo significado social ha experimentado una transformación profunda en las últimas décadas. Para comprender la transformación contemporánea de la edad como eje de subalternidad, es necesario situar primero el lugar que históricamente ocupó la vejez en las sociedades humanas.

En la mayoría de las culturas, las personas mayores han sido tradicionalmente respetadas y consideradas depositarias de sabiduría, experiencia y autoridad moral. Este reconocimiento no era solo simbólico: articulaba la transmisión intergeneracional del conocimiento y garantizaba la continuidad de la comunidad. La antropología clásica ha documentado ampliamente este fenómeno: Margaret Mead mostró cómo las sociedades preindustriales situaban a los mayores en el centro de la transmisión cultural y moral (Mead 1970); Claude Lévi‑Strauss analizó la función estructural de la vejez en la organización simbólica de las comunidades tradicionales (Lévi‑Strauss 1962); y Marshall Sahlins evidenció que la autoridad basada en la edad constituía un principio de legitimidad en múltiples sociedades tribales (Sahlins 1972). Incluso en la sociología clásica, Max Weber identificó la autoridad tradicional —frecuentemente ligada a la edad— como una forma de legitimidad social que estructuraba la cohesión comunitaria (Weber 1922). La vejez, por tanto, funcionaba como un eje de continuidad, prestigio y valor social, muy alejado de la desvalorización contemporánea. 

Sin embargo, este marco histórico contrasta profundamente con las transformaciones culturales que caracterizan la contemporaneidad. En este contexto, la ruptura contemporánea con el respeto tradicional hacia las personas mayores está estrechamente vinculada a las transformaciones culturales de la modernidad líquida. En este marco, Zygmunt Bauman describe cómo la aceleración técnica, la volatilidad de los vínculos sociales y la lógica del consumo producen subjetividades orientadas a la inmediatez y a la obsolescencia (Bauman 2000). La juventud se convierte en un ideal normativo asociado a la felicidad, la plenitud y la capacidad de adaptación, mientras que la vejez queda desplazada hacia los márgenes de la visibilidad social. En las sociedades de consumo, la identidad se construye a través de la actualización constante, y aquello que no puede renovarse con rapidez —incluida la experiencia acumulada— se percibe como un lastre (Bauman 2007). Este giro cultural erosiona el valor social de la vejez y prepara el terreno para la aparición del edadismo como forma de dominación estructural. Este desplazamiento cultural hacia la obsolescencia del sujeto mayor permite abordar el edadismo como un dispositivo que clasifica y desvaloriza a las personas según su edad.

La articulación cultural de la subalternidad permite situar también la edad como eje contemporáneo de opresión. El edadismo aparece cuando la edad se utiliza para categorizar y dividir a las personas por atributos que generan daño, desventaja o injusticia y debilitan la solidaridad intergeneracional (IRIS PAHO 2021). El edadismo no opera únicamente contra las personas mayores: también puede dirigirse hacia los muy jóvenes cuando se les considera inexpertos, inmaduros o incapaces de asumir responsabilidades. Esta doble dirección ha sido documentada en la literatura psicológica contemporánea, que muestra cómo los estereotipos asociados a la juventud pueden generar exclusión, desconfianza y barreras de acceso a posiciones de autoridad (North y Fiske 2012). El edadismo, por tanto, funciona como un dispositivo que clasifica cuerpos y subjetividades según su adecuación a los ritmos y expectativas de la sociedad contemporánea. 

A partir de esta caracterización general del edadismo, este artículo se centra específicamente en el edadismo dirigido a las personas mayores, que constituye hoy una de las formas más extendidas y estructurales de desvalorización en las sociedades occidentales. Si bien el edadismo puede manifestarse en ambas direcciones —afectando tanto a los jóvenes como a los mayores—, la forma estructural de desvalorización que se examina aquí es la que desplaza a los mayores hacia posiciones subalternas dentro de la arquitectura socio‑técnica contemporánea. Esta delimitación permite abordar con precisión cómo la pérdida de valor de la experiencia, la erosión de la agencia y la obsolescencia social del sujeto mayor se articulan como mecanismos de dominación en las sociedades actuales. La Organización Mundial de la Salud advierte que el edadismo conduce a una salud más pobre, al aislamiento social, a muertes tempranas y supone pérdidas económicas de miles de millones de dólares (Organización Mundial de la Salud 2021). En el contexto español, los datos publicados por elEconomista.es en julio de 2022 muestran que los mayores de 45 años representaban entonces el 55,9 por ciento de los parados, el mayor porcentaje registrado hasta esa fecha; que el edadismo explicaba el 63 por ciento de las prestaciones por desempleo; y que las mujeres mayores sufrían un impacto un 19 por ciento superior al de los hombres (Esteban 2022). El propio Gobierno incluía a los parados seniors entre las minorías de difícil empleabilidad. Estos datos permiten comprender cómo la edad opera como vector de subalternidad dentro de redes de poder que naturalizan la obsolescencia del trabajador mayor.

Los estereotipos que sostienen los discursos hegemónicos sobre los trabajadores seniors —mayor número de bajas, dificultades de adaptación tecnológica, menor productividad o falta de motivación— forman parte de las mismas narrativas edadistas descritas por la OPS y la OMS, que señalan que estos prejuicios carecen de base empírica y generan efectos materiales adversos (IRIS PAHO 2021; Organización Mundial de la Salud 2021). Los datos laborales disponibles muestran que la posición subalterna de los mayores no deriva de su desempeño, sino de la hegemonía cultural que privilegia la juventud y la apariencia física, reforzando dinámicas de exclusión ya evidenciadas en el mercado laboral español (Esteban 2022). En este marco, la edad opera como un criterio de desvalorización que se impone sobre la experiencia, la competencia técnica y la trayectoria profesional, situando a los seniors en una posición subalterna incluso cuando su capacidad laboral es igual o superior a la de otros grupos.

En este contexto, la reflexividad y la posicionalidad ofrecen una vía para examinar cómo estas dinámicas de desvalorización se inscriben en la experiencia y en la producción de subjetividad del propio investigador (Bover 2013). Desde esta perspectiva, la edad opera como un dispositivo que genera pérdida de agencia y naturaliza la obsolescencia, extendiendo el impacto del edadismo más allá del ámbito laboral. Los organismos internacionales —como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Iniciativa Regional sobre Envejecimiento Saludable (IRIS PAHO)— documentan y denuncian estas narrativas, mostrando cómo los discursos sociales y mediáticos contribuyen a reproducirlas. En este marco, el tránsito desde posiciones consideradas “privilegiadas” hacia posiciones “subalternas” no es excepcional, sino estructural: con una esperanza de vida aceptable, cualquier persona puede verse desplazada hacia la subalternidad si la sociedad continúa privilegiando valores que invisibilizan la experiencia, la madurez y los conocimientos de los mayores.

La posición subalterna en la que quedan situados los mayores permite ampliar el análisis hacia marcos que problematizan la igualdad y la pluralidad humanas. En este sentido, la reflexión de Hannah Arendt resulta especialmente pertinente: Arendt desconfiaba de todas las ideologías y de todos los ismos, y, por extensión, también habría desconfiado del edadismo, porque cualquier clasificación rígida de los seres humanos tiende a producir exclusión y a negar la singularidad de cada individuo (Arendt 1958). Defendía la igualdad de los seres humanos, con el matiz de que ningún ser humano es idéntico a otro, y sostenía que se debía ayudar a todos los desvalidos y oprimidos por el sistema independientemente de su origen, raza, religión, género o edad (Elvira García y Kohn Wacher 2010). Desde esta perspectiva, el edadismo no es solo una forma de discriminación laboral: es una violencia ontológica que desactiva la agencia de los mayores, los convierte en sujetos prescindibles y los sitúa en una posición donde su experiencia deja de tener valor dentro de la arquitectura socio‑técnica contemporánea, desplazándolos del mundo común en el que se decide qué vidas cuentan y cuáles pueden ser relegadas.

La genealogía del concepto de subalternidad permite situar el edadismo como una forma actual de dominación estructural. Esta violencia no se corrige con moral ni con campañas de sensibilización: exige un rediseño estructural que reconozca la experiencia como forma de agencia y que integre la pluralidad humana en la organización social. El edadismo no es un prejuicio: es una arquitectura de poder que solo puede desmontarse desde una comprensión ontológica de la subalternidad y desde la reconstrucción de las condiciones que permitan a los mayores recuperar su visibilidad y su lugar en la esfera pública. Esta reconstrucción implica reconfigurar las estructuras socio‑técnicas que producen la obsolescencia del sujeto mayor y restituir la experiencia como principio de valor, de legitimidad y de presencia en el espacio común.

Bibliografía

Arendt, Hannah. 1958. The Human Condition. Chicago: University of Chicago Press.

Bauman, Zygmunt. 2000. Liquid Modernity. Cambridge: Polity Press. 

Bauman, Zygmunt. 2007. Consuming Life. Cambridge: Polity Press.

Bover, Andreu. 2013. “Herramientas de reflexividad y posicionalidad para promover la coherencia teórico‑metodológica al inicio de una investigación cualitativa.” Enfermería clínica 23 (1): 33‑37.

Catà, Pau. 2021. Lo subalterno teorizado. 1ª edición. Editado por María Íñigo Clavo. Barcelona: Fundació Universitat Oberta de Catalunya (FUOC).

Elvira García, Dora, y Carlos Kohn Wacher. 2010. “Hannah Arendt: La vigencia de un pensamiento.” Revista Enfoques VIII (13): 11‑30.

Esteban, Javier. 2022. “Los mayores de 45 años suponen el 55,9% de los parados, el mayor porcentaje de la historia.” elEconomista.es, 14 de julio. Último acceso: 15 de octubre de 2023. https://www.eleconomista.es/empleo/noticias/11854931/07/22/Los-mayores-de-45-anos-suponen-el-559-los-parados-el-mayor-porcentaje-de-la-historia-.html

Foucault, Michel. 1979. Microfísica del poder. Editado por Julia Varela y Fernando Alvarez‑Uría. Madrid: Las Ediciones de La Piqueta.

Foucault, Michel. 1989. El Poder: Cuatro Conferencias. Traducido por Antonio Marquet. Azcapotzalco: Libros del Laberinto. Universidad Autónoma Metropolitana.

Hernández, Aline, y Rosa te Velde. 2018. “From globalizing towards decolonizing: Art History and the Politics of time – Interview with Rolando Vázquez.” Kunstlicht journal for visual art, visual culture, and architecture 39: 98‑105.

IRIS PAHO. 2021. “Informe mundial sobre el edadismo.” Último acceso: 15 de octubre de 2023. https://iris.paho.org/handle/10665.2/55871

Lévi‑Strauss, Claude. 1962. La pensée sauvage. Paris: Plon.

Mead, Margaret. 1970. Culture and Commitment. New York: Natural History Press.

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y Haus der Kulturen der Welt, Berlín. 2010. “Principio Potosí: ¿Cómo podemos cantar el canto del Señor en tierra ajena?” Último acceso: 6 de octubre de 2023. https://www.museoreinasofia.es/exposiciones/principio-potosi-como-podemos-cantar-canto-senor-tierra-ajena

North, Michael S., y Susan T. Fiske. 2012. “An Inconvenienced Youth? Ageism and Its Potential Intergenerational Roots.” Psychological Bulletin 138 (5): 982–997.

Organización Mundial de la Salud. 2021. “El edadismo es un problema mundial – Naciones Unidas.” Último acceso: 15 de octubre de 2023. https://www.who.int/es/news/item/18-03-2021-ageism-is-a-global-challenge-un

Sahlins, Marshall. 1972. Stone Age Economics. Chicago: Aldine.

Vallés Vílchez, Laura. s.f. “Testigo de afuera: sobre la recepción histórica de Principio Potosí.” Universitat Oberta de Catalunya.

Weber, Max. 1922. Economía y sociedad: Esbozo de sociología comprensiva. México: Fondo de Cultura Económica.

Read more

Historia inferencial del pensamiento contemporáneo — Parte II: Crisis del fundamento y fragmentación de la verdad

El pensamiento contemporáneo, desde finales del siglo XIX hasta la actualidad, desarrolla una serie de transformaciones internas que erosionan el humanismo y convergen de manera inferencial hacia el posthumanismo como consecuencia lógica. Este es el segundo texto de una serie de seis artículos dedicada a reconstruir dicha historia inferencial a

By FilosofoCientifico