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# El superhombre o el infrahombre: ontología del ser humano en las sociedades contemporáneas.
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- Published: 2026-08-23T10:46:52.000Z
- Updated: 2026-08-23T10:52:03.000Z
- Author: FilosofoCientifico

Durante los siglos XX y XXI se ha hablado de diferentes tipos de sociedad: las sociedades disciplinarias y su deriva hacia las sociedades de control y, de forma independiente a estos modelos, el concepto de modernidad líquida, que muestra que las sociedades no disponen de instituciones rígidas, sino de instituciones maleables y cambiantes que generan una sensación de volatilidad. Separar estos conceptos es útil para su comprensión, pero sería ingenuo hablar de un único modelo en la sociedad contemporánea. La sociedad actual incluye y supera los modelos expuestos. En ese sentido, siguen existiendo universidades, colegios e industrias, y continúa vigente el concepto del panóptico, pero también operan cada vez más mecanismos de control sobre los individuos. 

 En otro orden de ideas, puede afirmarse que, en el modelo de sociedad actual, las instituciones no son ni tan estables como en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial ni tan maleables como propone Bauman (2000). En este contexto, ya no se puede describir un modelo único, sino uno de distribución en red que contiene en sus nodos elementos de todos los modelos expuestos, además de nodos tecnológicos que interactúan desde diferentes planos. Una de las muchas consecuencias de este nuevo tipo de sociedad es que transforma la ontología del ser humano: la dimensión tecnológica pesa tanto que ha desplazado la ontología clásica del sujeto. El ser humano ya no es solo una construcción social, sino también una configuración tecnológica que modula la presencia, la identidad y la continuidad. La relevancia de estos modelos no es solo sociológica: cada uno de ellos altera las condiciones de constitución del sujeto y, en conjunto, transforma la ontología del ser humano contemporáneo.

 A partir de aquí, la cuestión ya no es únicamente describir cómo funcionan estas sociedades, sino comprender qué tipo de sujeto producen. Este desplazamiento obliga a precisar el sentido en el que aquí se emplea el término *ontología*: no como búsqueda de una esencia fija del ser humano, sino como análisis del modo de ser que emerge cuando las condiciones de existencia están configuradas por dispositivos disciplinarios, dinámicas de control, estructuras líquidas y redes socio‑técnicas. En este marco, la ontología del ser humano contemporáneo designa la forma de existencia que resulta de esa convergencia entre poder, tecnología, consumo y liquidez.

 En artículos de este mismo espacio se ha definido, por un lado, cómo sigue operando la visión foucaultiana sobre la construcción del ser humano, que continúa vigente (FilosofoCientífico 2026a), y, por otro lado, se ha mostrado cómo la modernidad líquida influye en la constitución del sujeto (FilosofoCientífico 2026b), sin olvidar la influencia del consumo en esta constitución (FilosofoCientífico 2026c). Todas esas aproximaciones son necesarias, pero no suficientes para definir la ontología del sujeto en la actualidad, una actualidad en la que el sujeto propiamente dicho aparece desplazado porque la tendencia es abandonar el humanismo antropocéntrico en favor de un posthumanismo que, sin restar importancia al ser humano, le hace perder centralidad. En este desplazamiento ontológico resulta decisivo recordar que el ser humano es construido por su entorno; pero este entorno que construye al sujeto incluye no solo redes humanas de poder, sino también máquinas, algoritmos y objetos con agencia que intervienen desde edades tempranas en su constitución.

 En este punto resulta necesario abordar la cuestión central: si las sociedades contemporáneas producen sujetos que se aproximan al ideal del superhombre o, por el contrario, generan formas de infrahumanidad. La ontología del ser humano ya no puede describirse mediante categorías clásicas, porque las condiciones de existencia han sido transformadas por dispositivos disciplinarios, dinámicas de control, estructuras líquidas y prácticas de consumo que reconfiguran la subjetividad. El resultado no es un sujeto fortalecido, autónomo y expansivo —la promesa nietzscheana del superhombre—, sino un sujeto fragmentado, modulado y precarizado cuya potencia se encuentra distribuida en redes tecnológicas, afectivas y económicas. Para comprender el alcance de esta transformación ontológica resulta necesario retroceder al punto en el que la tradición quedó desfondada, allí donde Nietzsche reconfiguró la pregunta por el ser humano.

 Cuando Nietzsche proclamó la muerte de Dios (Nietzsche 2008), clausuró la metafísica occidental al desmantelar el fundamento trascendente sobre el que se sostenían los valores morales, abriendo así el horizonte del nihilismo. Esa muerte metafísica del fundamento produjo, como consecuencia, la muerte metafísica del ser humano tal como había sido concebido por la tradición: un sujeto sustentado en valores absolutos y en una racionalidad normativa. Tras ese colapso, Nietzsche introduce la figura del superhombre (Nietzsche 2017), que no debe confundirse con un héroe épico ni con un dictador, sino que representa a quien, movido por la voluntad de poder, destruye los valores heredados y crea otros nuevos. Su capacidad creadora es comparable a la del niño, porque solo quien está más allá de la racionalidad normativa —que limita la libertad humana— puede afirmar la vida y producir valores propios. El superhombre vive una existencia única, afirmativa y creadora. 

Sin embargo, las sociedades contemporáneas no cumplen estas condiciones porque no producen sujetos capaces de crear valores, sino sujetos modulados por estructuras de poder, dinámicas de control, lógicas de consumo y marcos de liquidez que fragmentan la voluntad, neutralizan la afirmación y dificultan cualquier proyecto de autoconstitución. En lugar de la libertad creadora del superhombre, emerge una subjetividad atravesada por la precariedad, la vigilancia, la aceleración y la emocionalidad dirigida, condiciones que impiden la aparición de una voluntad de poder afirmativa y creadora. Por ello, la ontología del ser humano contemporáneo no responde al ideal nietzscheano, sino a una forma de existencia que ha perdido la capacidad de superar al hombre y de convertirse en autor de sus propios valores.

El reverso del superhombre nietzscheano es lo que aquí puede denominarse infrahombre: una figura ontológica propia de las sociedades contemporáneas y no del pensamiento de Nietzsche. Si el superhombre representa la capacidad de crear valores, afirmar la vida y constituirse como autor de sí, el infrahombre designa al sujeto producido por las dinámicas actuales de poder, consumo y liquidez. Se trata de un individuo cuya voluntad se encuentra fragmentada, modulada y orientada por estructuras que exceden su capacidad de acción; un sujeto que no destruye valores heredados ni crea otros nuevos, sino que se adapta a los marcos normativos, afectivos y tecnológicos que organizan su existencia. La precariedad, la vigilancia, la aceleración y la emocionalidad dirigida neutralizan la posibilidad de una afirmación creadora, generando una forma de vida que no supera al hombre, sino que lo reduce a una posición ontológica inferior: reactiva, dependiente y estructuralmente incapaz de constituirse como potencia afirmativa. El infrahombre no es un concepto nietzscheano, sino la figura que emerge cuando las condiciones contemporáneas impiden la aparición del superhombre y producen sujetos que viven por debajo de su propia posibilidad de creación. Sin embargo, esta caracterización del infrahombre no agota la cuestión ontológica, porque reduce la complejidad contemporánea a una oposición que ya no describe adecuadamente cómo se constituye hoy el sujeto.

La ontología del ser humano contemporáneo no puede reducirse a la oposición entre un superhombre creador de valores y un infrahombre esclavizado por la tecnología. Esa simplificación ignora que siguen vigentes las palabras de Sartre (2007): el ser humano es lo que hicieron con él. La diferencia es que, en la actualidad, lo que “hace” al ser humano ya no son solo otros humanos, sino también máquinas, algoritmos, objetos con agencia y redes tecnológicas que actúan desde edades tempranas, en línea con las aproximaciones posthumanistas de Haraway (1991), Latour (2005) y Braidotti (2013). Las redes de poder foucaultianas continúan operando, pero ahora se entrelazan con dispositivos técnicos que modulan la conducta, orientan el deseo y organizan la experiencia, tal como anticiparon Foucault (1975, 1976) y Deleuze (1992) en su análisis de la producción de subjetividad y las sociedades de control. El sujeto contemporáneo se produce a partir de una cantidad de estímulos impensable hace apenas unas décadas, en un entorno en el que humanos y tecnologías participan conjuntamente en su constitución. La cuestión ontológica central no es si el ser humano es superhombre o infrahombre, sino qué tipo de sujeto emerge de esta interacción continua entre fuerzas humanas y no humanas. El sujeto que emerge en las sociedades contemporáneas es un sujeto interagencial: una forma de existencia producida simultáneamente por redes humanas y no humanas, cuya interioridad modulada interpreta y resignifica los marcos de valor generados por una exterioridad productiva socio-técnica.

La ontología del ser humano contemporáneo no puede definirse únicamente por la capacidad de crear valores o por la tendencia a seguirlos, porque ambas posiciones dependen de estructuras que exceden al individuo. Tanto quienes producen valores como quienes los adoptan comparten una misma condición ontológica: su modo de ser está configurado por sistemas externos que modulan la voluntad, orientan el deseo y organizan la experiencia, en consonancia con las dinámicas descritas por Bauman (2000) en la modernidad líquida y por Deleuze (1992) en las sociedades de control. La creación de valores ya no es un acto singular, sino un proceso distribuido en corporaciones, plataformas digitales, industrias culturales y dispositivos tecnológicos que generan marcos normativos y afectivos. En este entorno, el sujeto que crea valores lo hace desde posiciones estructurales de poder, mientras que el sujeto que los sigue lo hace desde posiciones de dependencia; pero ambos participan de una misma ontología: la de un ser humano descentralizado, producido y modulado por fuerzas que determinan su modo de existir. Por ello, la ontología del ser humano contemporáneo debe describirse como una ontología de la exterioridad productiva: una forma de existencia en la que la creación y la adopción de valores son funciones de sistemas que exceden al individuo y que definen su posición ontológica en el mundo.

El ser humano contemporáneo no ha perdido la capacidad de crear valores, pero la creación de valores ya no depende de su voluntad individual, sino de sistemas externos que organizan la experiencia y modulan la subjetividad. En este marco, el individuo no es un creador autónomo, sino un agente que incorpora, interpreta y resignifica valores producidos por estructuras que lo exceden. La ontología del ser humano actual es, por tanto, una ontología mixta: una exterioridad productiva que genera los marcos de valor y una interioridad modulada que los adopta, los vive y los transforma. La ontología del ser humano contemporáneo se define por la interagencialidad: una forma de existencia en la que la exterioridad productiva socio‑técnica genera los marcos de valor y la interioridad modulada los interpreta, los vive y los resignifica.

El ser humano contemporáneo es, por tanto, un sujeto interagencial: una existencia producida por la convergencia entre redes humanas y no humanas, cuya interioridad modulada resignifica los marcos de valor generados por una exterioridad productiva. Esta forma de existencia supera la oposición entre superhombre e infrahombre y expresa la condición ontológica inédita que define la manera contemporánea de estar en el mundo.

## **Bibliografía**

Bauman, Zygmunt. *Liquid Modernity*. Cambridge: Polity Press, 2000.

Braidotti, Rosi. *The Posthuman*. Cambridge: Polity Press, 2013.

 Deleuze, Gilles. 1992\. “Postscript on the Societies of Control.” *October* 59: 3–7.

FilosofoCientífico. 2026a. “El niño salvaje y el poder: cómo se construye un humano.” *Entre bastidores: el ser, la existencia y otros asuntos*, 24 de julio de 2026\. <https://entre-bastidores-el-ser-la-existencia-y-otros-asuntos.ghost.io/el-nino-salvaje-y-el-poder-como-se-construye-un-humano/>

FilosofoCientífico. 2026b. “La nueva construcción del ser humano.” *Entre bastidores: el ser, la existencia y otros asuntos*. 29 de julio de 2026\. <https://entre-bastidores-el-ser-la-existencia-y-otros-asuntos.ghost.io/la-nueva-construccion-del-ser-humano/>

FilosofoCientífico. 2026c. “El sujeto en la era del consumo: marcas, género y emocionalidad.” *Entre bastidores: el ser, la existencia y otros asuntos*, 2 de agosto de 2026\. <https://entre-bastidores-el-ser-la-existencia-y-otros-asuntos.ghost.io/el-sujeto-en-la-era-del-consumo-marcas-genero-y-emocionalidad/>

Foucault, Michel. 1975\. *Surveiller et punir: Naissance de la prison*. Paris: Gallimard. 

———. 1976\. *La volonté de savoir*. Paris: Gallimard.

Haraway, Donna. 1991\. *Simians, Cyborgs, and Women: The Reinvention of Nature*. New York: Routledge.

Latour, Bruno. 2005\. *Reassembling the Social: An Introduction to Actor-Network-Theory*. Oxford: Oxford University Press.

Nietzsche, Friedrich. *La gaya ciencia*. Madrid: Alianza Editorial, 2008.

Nietzsche, Friedrich. *Así habló Zaratustra*. Madrid: Alianza Editorial, 2017.

Sartre, Jean‑Paul. *El existencialismo es un humanismo*. Madrid: Alianza Editorial, 2007.