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# Del Ágora al móvil – Ontología de la esfera pública tecnológica
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- Published: 2026-08-05T11:43:08.000Z
- Updated: 2026-08-05T11:43:08.000Z
- Author: FilosofoCientifico

En las antiguas polis griegas, el ágora era la plaza donde se desarrollaba la acción política, comercial y cultural, el espacio público en el que, según Aristóteles, el hombre como zóon politikón desplegaba sus capacidades. Cuando Aristóteles hablaba del “hombre”, se refería exclusivamente a los varones libres de su época. Las mujeres estaban excluidas de la participación política y confinadas al oikos, siempre bajo tutela masculina, con funciones centradas en la reproducción y el cuidado de la unidad doméstica. Los esclavos, por su parte, eran considerados instrumentos vivientes (organon empsychon), una propiedad destinada al trabajo y sin acceso a la esfera pública, tal como documenta Pomeroy (1975). Existía una distinción clara entre esfera pública y esfera privada: en la esfera pública se desarrollaba la acción política, cultural y comercial mediante interacción directa entre personas, mientras que la esfera privada quedaba dedicada a la familia y la intimidad. La visibilidad del individuo se producía únicamente en la esfera pública, y esa visibilidad era constitutiva de la identidad social.

Durante siglos, la separación entre esfera pública y esfera privada estructuró la formación de la identidad y los procesos de subjetivación. La socialización primaria, en el ámbito doméstico, proporcionaba los elementos básicos de la identidad, mientras que la socialización secundaria ampliaba esa identidad mediante la relación con el “otro generalizado”, que actuaba como marco normativo y regulador de la conducta (Fernández Mostaza s.f.). Esta dinámica se inscribía en un entramado de relaciones de poder que, como señaló Michel Foucault, constituyen al individuo como sujeto moral, político y de conocimiento dentro de la microfísica del poder (Foucault 1979). Las instituciones propias de las sociedades disciplinarias —la escuela, la fábrica, la cárcel, el hospital— reforzaban esta subjetivación mediante dispositivos de vigilancia, normalización y control que organizaban la presencia y la conducta del individuo en el espacio público (Foucault 2002 \[1975\]). Jean‑Paul Sartre sintetizó esta dimensión histórica al afirmar que “cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él” (Sartre 1952), subrayando que la identidad no es un dato, sino un resultado de procesos sociales acumulados. Hannah Arendt añadió que la esfera pública es el ámbito donde los hombres aparecen unos ante otros y donde la acción adquiere sentido, de modo que la presencia física y la interacción directa no eran solo condiciones políticas, sino elementos constitutivos de la existencia humana en común (Arendt 1958). En conjunto, estas perspectivas muestran que la subjetivación dependía de un espacio público estable, visible y compartido, y que la identidad se configuraba en la interacción situada con los otros.

Hasta finales del siglo XX, la esfera pública y la esfera privada permanecieron separadas y cada una cumplía funciones específicas. Sin embargo, el desarrollo de la informática, la cibernética y las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) transformó progresivamente los espacios de subjetivación. La digitalización del mundo introdujo un nuevo régimen de presencia, interacción y subjetivación que alteró la estructura clásica del espacio público. Las TIC favorecieron el tránsito desde las sociedades disciplinarias descritas por Foucault hacia las sociedades de control formuladas por Gilles Deleuze, caracterizadas por una modulación continua en lugar de una disciplina localizada (Deleuze 1995). Marshall McLuhan ya había anticipado que los medios tecnológicos no solo transmiten información, sino que reconfiguran la estructura de la percepción y la organización social (McLuhan 1964). Paul Virilio añadió que la velocidad de transmisión y la instantaneidad transforman la experiencia del espacio y del tiempo (Virilio 1997). Manuel Castells mostró que la sociedad contemporánea se organiza en redes, y que la identidad, el poder y la comunicación se estructuran en flujos digitales (Castells 1996). Luciano Floridi, desde la filosofía de la información, sostiene que la infosfera redefine la ontología del sujeto y del entorno (Floridi 2014).

Las TIC han facilitado la comunicación global y el acceso a información como nunca antes, pero también han introducido una transformación profunda en la relación entre esfera pública y esfera privada. Actividades que tradicionalmente requerían presencia física en espacios públicos —como el juego infantil, la interacción social, el comercio, la búsqueda de pareja o los trámites administrativos**—** siguen existiendo en esos espacios, pero ahora cuentan con alternativas digitales que permiten realizarlas desde ámbitos privados mediante dispositivos informáticos. La vida pública puede ejercerse desde el hogar y la vida privada puede exponerse públicamente con un solo gesto, de modo que la presencia física deja de ser la única condición para la acción pública. Esto no implica la desaparición de las prácticas presenciales, sino la coexistencia de modelos distintos de participación y visibilidad que modifican la estructura clásica del espacio público. Richard Sennett ya había advertido que la vida pública moderna tendía a debilitarse y que la intimidad invadía el espacio público (Sennett 1977), pero la digitalización ha llevado este fenómeno a un nivel ontológicamente nuevo al permitir que ambas esferas se entrelacen de manera continua.

Este desplazamiento implica una transformación profunda del espacio público. El Ágora deja de ser un lugar físico y migra al dispositivo móvil. El móvil no es únicamente una herramienta de comunicación, sino un espacio ontológico donde se produce visibilidad, interacción y presencia. Es el lugar donde el sujeto aparece ante los otros, donde se construye identidad comunitaria y donde se ejerce acción pública. La identidad se produce en interacción con algoritmos, interfaces y flujos de información, y la subjetivación se reconfigura en un entorno digital que modula la conducta, la atención y la presencia. Los espacios urbanos y residenciales pierden parte de su función ontológica como lugares de comunidad: el sujeto contemporáneo puede estar físicamente situado en ellos, pero su presencia pública se produce en otro lugar.

La digitalización del espacio público genera nuevas formas de vulnerabilidad. La brecha digital —económica, generacional y educativa— excluye a quienes no pueden acceder o comprender estas tecnologías. La exposición de la vida privada alcanza niveles inéditos, y la entrada de lo público en lo privado transforma el hogar en un espacio híbrido donde coexisten intimidad y acción pública. Con la generalización de dispositivos informáticos, especialmente tablets y teléfonos móviles, la actividad pública puede ejercerse desde el salón de casa y la vida privada puede hacerse pública de manera inmediata. Donna Haraway mostró que el sujeto contemporáneo es un híbrido de organismo y máquina (Haraway 1991), y Rosi Braidotti sostiene que la condición posthumana redefine la subjetividad más allá de la localización física (Braidotti 2013). Karen Barad, desde el realismo agencial, afirma que la tecnología no es un mero instrumento, sino un agente que participa en la producción ontológica del mundo (Barad 2007). Peter Sloterdijk, en su teoría de las esferas, explica que los seres humanos viven en espacios simbólicos y tecnológicos que configuran su existencia (Sloterdijk 1998). Todo ello converge en una idea central: la esfera pública tecnológica no es simplemente un espacio digital, sino un entorno ontológico donde se redefine la condición humana.

La epistemología del sujeto conectado también se transforma. El conocimiento se produce, se consume y se distribuye desde un dispositivo privado, y la relación con la verdad se mediatiza por algoritmos que seleccionan, jerarquizan y filtran la información. La metafísica del espacio se reconfigura: el hogar deja de ser un espacio exclusivamente privado y se convierte en un espacio híbrido donde coexisten intimidad y acción pública. La frontera entre público y privado se difumina, y la ontología del espacio se redefine en términos tecnológicos. En este nuevo régimen, el Ágora ya no es una plaza física, sino un dispositivo móvil. La esfera pública se privatiza, se deslocaliza y se integra en la tecnología. El ser humano contemporáneo ya no es un sujeto situado en un espacio compartido, sino un sujeto conectado cuya presencia pública se produce en un dispositivo privado. La ontología del espacio público se transforma y, con ella, la condición humana.

## **Bibliografía**

Arendt, Hannah. 1958\. The Human Condition. Chicago: University of Chicago Press.

Barad, Karen. 2007\. Meeting the Universe Halfway: Quantum Physics and the Entanglement of Matter and Meaning. Durham: Duke University Press.

Braidotti, Rosi. 2013\. The Posthuman. Cambridge: Polity Press.

Castells, Manuel. 1996\. The Rise of the Network Society. Oxford: Blackwell.

Deleuze, Gilles. 1995\. “Post-scriptum sobre las sociedades de control.” En Conversaciones (1972–1990), 235–242\. Valencia: Pre‑Textos.

Fernández Mostaza, Esther. s.f. “La sociedad (I). El proceso de socialización.” Sociología. Barcelona: Universitat Oberta de Catalunya.

Floridi, Luciano. 2014\. The Fourth Revolution: How the Infosphere Is Reshaping Human Reality. Oxford: Oxford University Press.

Foucault, Michel. 1979\. Microfísica del poder. Madrid: Las Ediciones de La Piqueta.

Foucault, Michel. 2002 \[1975\]. Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores Argentina.

Haraway, Donna. 1991\. Simians, Cyborgs, and Women: The Reinvention of Nature. New York: Routledge.

McLuhan, Marshall. 1964\. Understanding Media: The Extensions of Man. New York: McGraw‑Hill.

Pomeroy, Sarah B. 1975\. Goddesses, Whores, Wives, and Slaves: Women in Classical Antiquity. New York: Schocken Books.

Sartre, Jean‑Paul. 1952\. Saint Genet, comédien et martyr. París: Gallimard.

Sennett, Richard. 1977\. The Fall of Public Man. New York: Knopf.

Sloterdijk, Peter. 1998\. Esferas I: Burbujas. Madrid: Siruela.

Virilio, Paul. 1997\. La velocidad de liberación. Madrid: Cátedra.